Trocea las galletas secas en trozos grandes y tritúralas en la batidora junto con la mantequilla blanda. Unta con mantequilla el interior de 4 moldes redondos de 9 cm de diámetro, forra cada uno con un aro de papel de horno (o, mejor aún, con acetato) y colócalos directamente sobre los platitos. Como alternativa, puedes utilizar vasos de cristal o cocottes de cerámica. Reparte la base de galletas por los moldes, presiona con el dorso de una cucharilla y mételos en la nevera.
Pela 3 melocotones (deberás obtener unos 500 g de pulpa limpia), quítales el hueso y córtalos en cubitos. Pónelas en una cacerola, rocíalas con el zumo de limón, añade el azúcar y cuécelas a fuego medio durante unos 15 minutos, hasta que estén tan blandas que casi formen una crema. Tritura el puré con la batidora, viértelo en un bol y guárdalo en la nevera, cubierto con film transparente, hasta el momento de utilizarlo.
En un bol, bate la ricotta y el queso para untar con el azúcar glas hasta obtener una crema. Toma 1/3 del puré de melocotones e incorpóralo a la crema.
Reparte la crema preparada en los aros de repostería, sobre las bases de galletas, y deja reposar las tartas de queso durante al menos 5 horas en la nevera.
A la hora de servir, desmolda con cuidado los aros de repostería, retira el aro de papel de horno y decora cada tarta de queso repartiendo el puré de melocotón por la superficie y colocando unas rodajas de melocotón entero. Remata con unas ramitas de tomillo y sirve.
Si has utilizado vasos o cocottes, no será necesario desmoldar las tartas de queso.